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Por Yamhilette Licon-Muñoz

Rastreando los circuitos de la adicción

Aprender cómo los genes modificados con ARN impulsan el abuso de sustancias

El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas define la adicción a las drogas como "un trastorno crónico recurrente caracterizado por la búsqueda y el uso compulsivo de drogas a pesar de las consecuencias adversas".

Aún así, prevalece la idea errónea de que la adicción a las drogas es un defecto de carácter, no una enfermedad real. En Nuevo México, uno de los estados con las tasas más altas de uso de sustancias ilegales en el país, ¿qué puede decirnos la ciencia sobre los mejores enfoques para tratar y prevenir la adicción a las drogas?

La respuesta podría estar en nuestros genes.

Nora Perrone-Bizzozero, PhD, es profesora del Departamento de Neurociencias de la UNM con más de 20 años de experiencia en el estudio del mecanismo postranscripcional que controla la expresión génica durante el desarrollo y la maduración del cerebro.

Perrone-Bizzozero está investigando las funciones de los microARN y las proteínas de unión a ARN en la adicción a las drogas.

"La adicción a las drogas genera una adaptación anormal en el cerebro, caracterizada no solo por cambios agudos en la actividad cerebral, sino también por cambios duraderos en la expresión genética", dice, "por lo que estamos tratando de comprender los mecanismos moleculares involucrados".

Perrone-Bizzozero se asoció con Janet L. Neisewander, PhD, neurocientífica conductual de la Universidad Estatal de Arizona, para una subvención RO1 NIDA para estudiar microARN y proteínas de unión a ARN en la adicción a la cocaína.

Descubrieron que el consumo de cocaína provoca alteraciones en la expresión génica del microARN miR-495 y la proteína de unión al ARN HuD en la vía de recompensa del cerebro, lo que aumenta el deseo del sujeto por la droga.

Más cocaína aumenta aún más el desequilibrio de la expresión genética. Estos hallazgos, publicados a principios de este año en las revistas Molecular Psychiatry y Genes, cerebros y comportamiento, demuestran que los cambios en las proteínas de unión a ARN y microARN en el cerebro pueden afectar el comportamiento, con enormes implicaciones para comprender la adicción.

Después de graduarse de la Universidad de Buenos Aires en su Argentina natal, Perrone-Bizzozero se mudó a los Estados Unidos, donde comenzó a trabajar en neurociencia y psiquiatría en el Hospital McLean, afiliado a la Facultad de Medicina de Harvard. Se mudó a Albuquerque en 1990 para unirse a la UNM.

UNM encajaba perfectamente con ella y su esposo, Oscar A. Bizzozero, PhD, presidente del Departamento de Biología y Fisiología Celular, dice ella. "El entorno es diferente al de otras instituciones", explica. "En lugar de la competencia, promueve la colaboración, tanto dentro como fuera de la Universidad".

Ella planea continuar descifrando los roles de los ARN no codificantes y las proteínas que se unen al ARN en la adicción, con miras a desarrollar una cura.

"Los medicamentos basados ​​en ARN se están desarrollando como modalidades de tratamiento novedosas, pero tienen sus propios desafíos", dice. "No es algo que esté listo para la atención del paciente pronto, pero podría ser un enfoque muy prometedor en el futuro".

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